¿Qué derechos merecerán los robots?

Imagine un mundo donde los seres humanos coexistieran con seres que, como nosotros, tenían mentes, pensamientos, sentimientos, conciencia consciente y capacidad para realizar acciones intencionadas, pero, a diferencia de nosotros, estos seres tenían cuerpos mecánicos artificiales que podrían ser cambiados. encendido y apagado.

Ese nuevo mundo valiente plantearía muchos problemas al llegar a un acuerdo con nuestras contrapartes robot como parte integral de la vida cotidiana. ¿Cómo debemos comportarnos con ellos? ¿Qué deberes morales tendríamos? ¿Qué derechos morales tendrían esas personas no humanas? ¿Sería moralmente permisible intentar frustrar su aparición? ¿O tendríamos el deber de promover y fomentar su existencia?

Bueno este tipo de cuestiones éticas que nos intrigan a todos son las que se plantea la reciente novela de Ian McEwan, llamada Machines Like Me, en la que Alan Turing vie una larga y exitosa vida y propulsada explosivamente el desarrollo de la inteligencia artificial IA que la cual conduce a la creación del humano fabricado con Inteligencia y miradas, movimiento creíble y cambios de expresión.

Como especulación intelectual, considerar la ética del tratamiento de las máquinas inteligentes y racionales es interesante. Pero dos argumentos comunes podrían sugerir que el asunto no tiene relevancia práctica y que no es necesario tomar en serio cualquier pregunta ética.

La primera es que tales personas artificiales no podrían existir. El segundo, a menudo planteado en el debate sobre el aborto, es que solo las personas que tienen cuerpos humanos vivos e independientemente viables tienen el debido respeto moral y merecen una consideración moral. Como veremos, estos argumentos son discutibles.

Mente, materia y propiedades emergentes.

Podríamos suponer que los fenómenos mentales (conciencia, pensamientos, sentimientos, etc.) son de alguna manera diferentes de las cosas que constituyen las computadoras y otras máquinas fabricadas por los humanos. Y podríamos suponer que los cerebros materiales y las máquinas materiales son fundamentalmente diferentes de las mentes conscientes. Pero si esas suposiciones son verdaderas o no, y creo que lo son, no se sigue que las personas sensibles, conscientemente conscientes y producidas artificialmente no son posibles.

El sociólogo francés Emile Durkheim ha argumentado muy convincentemente que debemos tener cuidado con los argumentos simplistas en las ciencias sociales. Los fenómenos sociales, como el lenguaje, no podrían existir sin la interacción de los seres humanos individuales con sus características psicológicas y biológicas particulares. Pero no se sigue que los fenómenos sociales resultantes, o “propiedades emergentes”, puedan explicarse completa y correctamente únicamente en términos de estas características.

Fuente: Fastcompany

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